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Breve historia de los regalos promocionales

Aunque es en la segunda mitad del siglo XIX cuando se desarrolla una industria dedicada al reclamo promocional, se considera que esta empezó en 1789, con la edición de los botones conmemorativos por la elección de George Washington como presidente de los Estados Unidos. Ya en la década de 1800 nos encontramos con productos promocionales en madera, calendarios y almanaques agrícolas.

Esta industria fue iniciada por los editores de periódicos, que encontraron en los regalos promocionales un excelente complemento a sus actividades cotidianas.  Jasper Meek Freemont, propietario de un pequeño diario en Coshocton, convenció a su amigo el Sr. Cantwell, propietario de Zapatos Cantwell, a que regalara una sencilla bolsa de arpillera para libros escolares, impresa con el mensaje «Comprar en Zapatos Cantwell», a todos los niños que visitaran su zapatería. Pronto el mensaje fue paseado y visto por toda la ciudad y los buenos beneficios que recogieron estimuló a Freemont a lanzar el segundo producto promocional: un tejido para cubrir los caballos que fue un gran éxito.

Comenzó entonces oficialmente su empresa de productos promocionales, Tuscarora Advertising Co., en la que organizó una fuerza de ventas y hasta 1889 no tendría competencia para sus productos innovadores y exitosos. Fue entonces cuando el editor de otro pequeño periódico, Henry D. Beach, también de Coshocton, empezó su empresa de productos promocionales. Ambos hombres eran agresivos e inquietos, y pugnaron entre sí para sacar productos nuevos: gorras, sombreros para caballos, delantales, látigos, calendarios,… Fue este último el primero en interesarse en la fabricación de carteles metálicos, aunque muy pronto Meek se interesó en el proceso, consciente de que la impresión sobre metal abriría una línea nueva de productos. Comenzaron así a producir bandejas metálicas para Coca-Cola y varias empresas de cerveza, que son hoy objeto de culto entre los coleccionistas.

Otros dos dueños de pequeños periódicos, Murphy y Osborne, ambos de Red Oak (Iowa), necesitados de negocio adicional para mantener ocupadas sus prensas y obtener ingresos adicionales, se especializan en calendarios, a finales del siglo XIX. La idea de colocar publicidad en un calendario no era nueva, pero hasta entonces nadie había pensado en hacerlo acompañado de arte. Compran fotografías y pinturas a diferentes artistas y mejoran las técnicas de impresión. En 1894 Murphy y Osborne emplean a 94 personas y producen entre dos y tres millones de calendarios.

En 1904 doce de los principales fabricantes de productos promocionales crean la primera asociación.

En Europa, aunque se utilizaron puntualmente los regalos publicitarios por algunas empresas, no fue hasta mediados del siglo XX cuando podamos decir que surgió una industria específica para ellos. Ya en la década de los 70 se vivió una verdadera explosión en el crecimiento de esta industria, cuando las empresas reconocieron el beneficio que representaba asociar su marca a regalos.

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